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41 sueños concretados

Plan de Autoconstrucción de Viviendas | 01/01/2013

Días atrás se celebró la inauguración de 41 viviendas que Cáritas construyó junto a las familias beneficiarias del Plan de Autoconstrucción que se desarrolló en Rafaela, provincia de Santa Fe. El proyecto realizado en la ciudad contempló la edificación de 151 hogares, de los cuales éstos 41 fueron los últimos en finalizarse e inaugurarse.

"Cada ladrillo que colocamos tiene la forma y el peso de nuestros ruegos y desvelos y tiene también el color de las esperanzas compartidas. Concretamos un sueño, abrimos las puertas de nuestras casas". Con estas palabras las familias invitaban a compartir la alegría de la inauguración de sus nuevos hogares.

Mónica Peralta tiene 34 años y trabaja en una cooperativa, su marido es albañil. Vivían en una habitación prestada con sus dos hijas, de 17 y 11 años. Desde hace tres meses vive en su nueva casita en el Barrio Mora, de Rafaela. "Estamos re contentos, es nuestra. Los colores de las paredes los eligieron las nenas, la llenamos de detalles, colgamos cositas, podemos hacer lo que queremos porque es nuestra, es re bueno", expresa entusiasmada.

Carlos Spernolo, desocupado de 57 años, todavía no puede creer que tenga casa propia. "Vivíamos en un asentamiento, en un rancho que era techo de chapa rodeado con lona de silo. Esto es otra cosa, nada que ver, es algo diferente… es un sueño", asegura. "Estamos contentos, aunque nos cuesta adaptarnos pero de a poquito vamos a sentirla propia".

"Ahora estamos como desorientados, sentimos mucha emoción y a la vez nos cuesta, yo estoy sin trabajo, no tengo jubilación pero tratamos de cumplir con todo, hago changas en seguridad y mi esposa limpieza en salones, lo que salga para poder cumplir. Tenemos el proyecto de agrandarla porque somos siete, cinco hijas, mi mujer y yo", comparte.

"Si entre todos nos ayudáramos la Pobreza Cero sería posible", asegura Carlos y sostiene que los que más tienen son los que menos comparten mientras que los que menos tienen son los más solidarios. Por su parte, Maria José, su esposa nos comparte que ellos siempre ayudaron a quienes más lo necesitan: "Estuvimos en comedores ayudando a familias pobres, hacíamos pan, que cada uno se llevaba a su casa, o lo vendían. Esta buenísimo ayudar, también ayudamos en el comedor, había 80 menores y nosotros estábamos para que tengan la leche todos los días".

El hogar, sueño cumplido

"Levantando, levantando, construyendo cada día y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos acá. El tener la casa propia te cambia la vida, la calidad de vida, te cambia el ánimo, todo cambia", asegura emocionada Adriana Herbel, esposa y madre de tres hijos.

Adriana, 50 años, vivía con su familia en una piecita de una casona vieja: "Estaba en muy mal estado, ya para demoler, se llovía por todos lados, llovía más adentro que afuera. Vivíamos muy amontonados, en una pieza todos, todo medio podrido. Teníamos los muebles en depósito para que no se estropearan pero al ropero lo tuvimos que tirar", describe.

"Esperé tantos años… y ya lo tenemos. Ahora no lo puedo creer, yo me estoy adaptando todavía, es algo lindo. Sabemos que podemos pintar una pared, porque están en buen estado y porque son nuestras y nos quedan. La casa es nueva y es nuestra, no lo puedo creer", expresa.

"Ahora sólo tenemos que pagar la cuota, que gracias a Dios la cubrimos, ajustados pero llegamos. Mi marido es gomero y yo ama de casa, sobrar no nos sobra pero sabemos que primero juntamos para eso y los servicios y después vemos", concluye.

Valeria Araujo y su marido Francisco Rolón vivían con sus 5 hijos en una habitación con cocina en un asentamiento. "No teníamos luz, agua, nada, los pisos eran de tierra y el techo de chapa. Hemos pasado por etapas muy difíciles, varias inundaciones y evacuaciones. Vivimos algún tiempo en la casa con mucha humedad porque después de las inundaciones no secaba", describen.

"Cuando nos dijeron que entrabamos en el plan para tener nuestra propia casa fue una alegría grandísima, un regalo de Dios, no lo esperábamos. Fue un regalo grandísimo que nos hizo Dios y Cáritas. Imagínate, acá no vamos a pasar frio en invierno ni calor en verano. Estamos re agradecidos, esto queda para los chicos", expresan.

"Ahora nos toca vernos disfrutar a los nenes, porque antes no veían gente, era un lugar cerrado, no había calle, era sólo un camino para la bicicletas, en cambio acá tienen vecinos y ya se hicieron de amiguitos con quienes jugar. Esto es barrio, nada que ver. Ojalá pudiera ser así para todos porque hay muchísimas familias que necesitan un hogar", anhela.

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